New times, new fears

new times, new fears

Nuevos tiempos, nuevos miedos

Nothing has been the same and nothing will be the same since March 2020. Without a doubt, there is a before and after since the ‘bug’, as the damn Covid-19 is colloquially known , became part of our lives . None of our social relationships from before the pandemic have been left standing. And the worst thing is that, not even, it seems easy to recover some in the coming months. The scenario invites you to want to storm the heavens or the hells to get lost somewhere in the Universe where you can recover, at least, part of what we had.

Pepa Martorell


There is no refuge or shelter capable of making this misnamed “new normal” sustainable; in fact, the situation can be described in a thousand ways less than normal. No gentlemen! This is not normal, nor again normal, nor will it be again in years. However, the collective imagination is built with ad hoc concepts to try to survive in a time that augurs a future in black and white.

The alternative is the bag or life . You go out to eat or you stay home and starve to death. If you choose the first option, the coronavirus, it can kill you; If you choose the second, you minimize the risk , but still, the coronavirus can also kill you. The setting is gruesome. While, in some way, life goes on and the maxim that the show must continue is not a metaphor. It is our modus vivendi . Isn’t it scary?

Gone are those ephemeral desires to naively think that after confinement everything was going to change. Society, suddenly, was going to blend into a kind of solidarity all to change the way of understanding the world. I read astonished those reflections on Social Networks during the days of the State of Alarm . It was only comforting to think that there were still people left, with an iota of hope in the human species. Sadly, they were wrong.

Fear paralyzes and this society lives in fear of the uncertainty of a future in black and white.

The worst thing is that the human species has not been able to bring out its best face in these moments so, extremely, hard. We strive to appear normal when there is none. We insist on getting on with our lives when it is not possible to do so. And all to avoid adding more fears to those we already had before the pandemic. These are new times that we live with new fears disguised as an apparent daily life that is shocking.

Neither the WHO (World Health Organization), nor politicians anywhere on planet Earth have been able to cope with the pandemic. Paralyzed, like everyone else, by their fears. To which, naturally, they have added the panic of new fears that also reach high places. The uncertainty will kill more lives than the coronavirus. The logical concern for the “day after” avoids proposing solutions for today. The crisis is now!

The health and economic policies that are drawn thinking in an unknown scenario cancel the capacity for reaction, the involvement of the economic and social actors in a now chaotic, bleak and, unfortunately, heartless. Not even science escapes. Pharmaceutical companies continue in their struggle to become number one in a career in which international prestige outweighs saving lives.

The new media messiahs acquire notoriety in times of crisis to provide content with an analysis of express reality . Do we think fast or do we think slowly? Perhaps it would be better to ask if we really think. If, like this, we did it, everything would be different. I don’t know, if better or worse but, yes, different. Definitely.



Nada ha sido igual y nada volverá a ser lo mismo desde marzo de 2020. Sin duda, hay un antes y un después desde que el ‘bicho’, como se conoce coloquialmente a la maldita Covid-19, entrara a formar parte de nuestras vidas. No ha quedado en pie ninguna de nuestras relaciones sociales de antes de la pandemia. Y lo peor es que, ni tan solo, parece fácil recuperar alguna en los próximos meses. El escenario invita a querer asaltar los cielos o los infiernos para perderse en algún lugar del Universo donde se pueda recuperar, al menos, parte de lo que teníamos.

Pepa Martorell


No hay refugio, ni cobijo capaz de hacer sostenible esta mal llamada “nueva normalidad”; de hecho, la situación se puede calificar de mil maneras menos de normal. ¡No señores!. Esto no es normal, ni nuevamente normal, ni volverá a serlo en años. Sin embargo, el imaginario colectivo se construye con conceptos ad hoc para intentar sobrevivir en un tiempo que augura un futuro en blanco y negro.

La alternativa es la bolsa o la vida. Sales a la calle para poder comer o te quedas en casa y te mueres de hambre. Si eliges la primera opción, el coronavirus, te puede matar; si eliges la segunda minimizas el riesgo, pero, aún así, el coronavirus también te puede matar. El escenario es dantesco. Mientras, de alguna manera, la vida sigue y  la máxima de que el espectáculo debe de continuar no es una metáfora. Es nuestro modus vivendi. ¿No resulta aterrador?.

Lejos quedan aquellos deseos efímeros de pensar, ingenuamente, que tras el confinamiento todo iba a cambiar. La sociedad, de repente, se iba a mimetizar en una especie de todo solidario para modificar la forma de entender el mundo. Leía atónita aquellas reflexiones en las Redes Sociales durante los días del Estado de alarma. Solo era reconfortante pensar que, aún quedaban personas, con un ápice de esperanza en la especie humana. Tristemente, se equivocaban.

El miedo paraliza y esta sociedad vive asustada ante la incertidumbre de un futuro en blanco y negro.

Lo peor es que la especie humana no ha sido capaz de sacar su mejor cara en estos momentos tan, extremadamente, duros. Nos empeñamos en aparentar normalidad cuando no la hay. Nos empeñamos en seguir con nuestras vidas cuando no es posible hacerlo. Y todo para evitar sumar más miedos a los que ya teníamos antes de la pandemia. Son nuevos tiempos que vivimos con nuevos miedos disfrazados de una aparente cotidianeidad que resulta estremecedora.

Ni la OMS (Organización Mundial de Salud), ni los políticos en ninguna parte del planeta Tierra han sido capaces de hacer frente a la pandemia. Paralizados, como todos, por sus miedos. A los que, naturalmente, han sumado el pánico de los nuevos miedos que también llegan a las altas esferas. La incertidumbre matará más vidas que el coronavirus. La lógica preocupación por el “día después” evita plantear soluciones para hoy. ¡La crisis es ahora!.

Las políticas sanitarias y económicas que se dibujan pensando en un escenario  desconocido anulan la capacidad de reacción, la implicación de los actores económicos y sociales en un ahora caótico, desolador y, lamentablemente, desalmado. Ni la ciencia se escapa. Las farmacéuticas siguen en su lucha por llegar a ser el número uno en una carrera en la que pesa más el prestigio internacional que salvar vidas.

Los nuevos mesías mediáticos adquieren notoriedad en tiempos de crisis para dotar de contenido un análisis de la realidad express. ¿Pensamos rápido o pensamos despacio?. Tal vez sería mejor preguntarse si, realmente, pensamos. Si, así, lo hiciéramos todo sería diferente. No sé, si mejor o peor pero, si, diferente. Sin duda.

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